La ley Kuri inspira una nueva cultura digital en la educación
Hay políticas públicas que nacen para atender una necesidad inmediata, pero terminan marcando una ruta para otros. Eso es lo que hoy representa la Ley Kuri para Querétaro: una decisión visionaria que colocó al Estado a la vanguardia nacional en la construcción de entornos escolares más sanos, más seguros y más humanos.
Bajo el liderazgo del gobernador Mauricio Kuri González, nuestra entidad decidió actuar antes que muchos. Mientras en distintos lugares apenas comienza la discusión sobre cómo enfrentar el impacto del uso excesivo de dispositivos móviles, la exposición temprana a redes sociales y los riesgos digitales que enfrentan niñas, niños y adolescentes, en Querétaro ya existe una política pública integral que no sólo regula, sino que educa y acompaña.
La decisión fue clara: proteger el espacio escolar para devolverle centralidad al aprendizaje, a la convivencia y al desarrollo emocional de nuestras juventudes. No fue una apuesta improvisada; fue una respuesta sustentada en evidencia. Los datos levantados por la Secretaría de Educación confirmaron una realidad preocupante: violencia digital, hiperconectividad, distracción constante y una creciente inquietud de las familias frente al impacto de las redes sociales en la vida cotidiana de sus hijas e hijos.
Sin embargo, lo verdaderamente destacable es lo que ha venido después.
Hoy, la experiencia de Querétaro comienza a ser observada como un modelo de referencia. Gobiernos estatales, autoridades educativas de otras entidades federativas e incluso representantes de países de América Latina, Estados Unidos y Europa han buscado conocer de cerca la estrategia queretana, entendiendo que aquí se tomó una decisión de fondo: formar ciudadanía digital con responsabilidad, antes de que las consecuencias fueran mayores. Querétaro pasó de abrir la conversación a encabezarla. Y eso tiene efectos concretos.
En una época en la que con frecuencia surgen en redes sociales dinámicas virales o llamados “retos” que muchas veces incentivan conductas de riesgo, presión social o normalización de prácticas nocivas entre adolescentes, en Querétaro hemos fortalecido una comunidad escolar más consciente, más crítica y mejor acompañada. No es casualidad que fenómenos digitales que rápidamente se expanden en otros contextos encuentren aquí una juventud con mayores herramientas para discernir, cuestionar y decidir con responsabilidad. Esa es la diferencia entre reaccionar ante los riesgos y haber trabajado anticipadamente en prevenirlos.
La Ley Kuri no es solamente una regulación sobre teléfonos celulares dentro de las escuelas; es una apuesta profunda por la formación integral: es civismo digital, es acompañamiento familiar, es capacitación docente, es educación emocional, es construir una cultura donde la tecnología vuelva a ser herramienta y no condicionante de la convivencia ni del aprendizaje.
Los resultados obtenidos al momento comienzan a confirmarlo: mejor ambiente escolar, mayor interacción entre estudiantes, una percepción positiva por parte de las familias y una conversación pública que ya no gira en torno a si era necesario actuar, sino a cómo replicar lo que Querétaro ha hecho bien.
Hoy Querétaro puede decir con orgullo que abrió camino. Y mientras otros comienzan a mirar hacia este modelo para construir sus propias respuestas, aquí seguimos avanzando con una convicción clara: educar también significa enseñar a convivir con la tecnología.
Ese es el verdadero sentido de esta política: formar generaciones libres, conscientes y preparadas para construir comunidad dentro y fuera de las pantallas.
Columna originalmente publicada en Diario de Querétaro.










